
domingo, 16 de octubre de 2011
El juicio final (II)

martes, 30 de agosto de 2011
El juicio final
martes, 16 de agosto de 2011
¿Cuánto me quieres?
Después de recoger los restos de la fiesta de cumpleaños de Nacho, Laura y Pablo se dieron cuenta que habían sobrevivido a los preparativos, a la celebración y a la mañana siguiente sin haberse atacado más de la cuenta.
- Claro... De hecho te voy a confesar una cosa. Yo te quiero tanto como a la sal.
- ¿Cómo debo de senirme al escuchar esa frase de alguien que deja los platos sosos?
- Debes sentirte tremendamente halagado... No te he dicho que no te quiero, sino que te quiero en tu justa medida. ¿Y tú a mi, cuanto me quieres?
- Yo... Cómo a los limones.
- Eres alérgico a ellos...
- Y, a pesar de ello, siempre acabo bebiendo tequila...
domingo, 25 de julio de 2010
La herencia
domingo, 9 de mayo de 2010
La Boda de Dani (II)

Laura esperaba a Nacho en la barra, cerca de la puerta y lejos del gran salón donde los invitados bailaban al ritmo de canciones que nunca pasan de moda. Se había vuelto a poner los zapatos y tomaba una caipirissima. Sabía lo que le quería decir, pero no sabía si era el momento, ni siquiera si hacía falta contarle a Nacho aquello. Era importante que no hubiese pasado nada aquella noche, sin embargo, sin el contexto Nacho no lo entendería y explicar el contexto significaba explicarle muchas cosas.
miércoles, 28 de abril de 2010
La Boda de Dani (I)
- Ven a buscarme por favor.
Laura estaba sentada en un sofá de polipiel rojo. Se había quitado los zapatos y tenía las rodillas contra el pecho. Nunca había entendido porqué en el descansillo de muchos restaurantes de categoría había muebles tan cómodos. Al lado tenía una mesita donde descansaba su bolso y una lámpara llena de lágrimas de cristal que chocaban entre ellas cuando el viento suave entraba por la ventana que había al fondo del baño. Entre pasillo y habitación distribuidora no había puerta, simplemente un gran arco de madera barnizada.
- ¿Cómo ha ido?
- Depende del filtro con que lo mires.
Hacía como tres meses que recibió una carta que decía “Daniel BR y Rosa LM se complacen en invitarles a su boda”. Aquella carta le había causado una especie de shock emocional que no había sabido interpretar.
- Cristian, Dani se casa y no es conmigo.
- Ahá.
- Me parece muy fuerte y más aún que me invite.
- Ahá.
- Cristian esto es serio…
- Tú estás con Nacho.
- No estoy con Nacho y, en caso que lo estuviera, no tendría nada que ver. Es Dani, llevo como media vida enamorada de él.
- Y la otra media como acostándote con él.
- No ha sido exactamente así y lo sabes.
Laura había conocido a Dani hacía 5 años, cuando ella tenía 19 y él 34. Era el entrenador de básquet bohemio con aires de poeta de su hermano. Alto, moreno, un poco desgarbado y con los ojos marrones. Un tipo muy normal que había ensimismado a Laura. Después de un año de cortejo e insistencia ella había conseguido atraparlo y era frecuente que en el momento menos pensado uno de los dos llamase. Sus claves eran muy sencillas basadas en una canción que Laura adoraba y que intentaba contagiar a cualquier persona de su alrededor. “Venga” y “Vale” eran la señal de un encuentro esporádico en el que acabarían sudando en el sofá, la cocina, el despacho o, quizá, una cama del piso de Dani, situado en la Calle París.
- Pero, ¿Cuánto hace que no... “quedáis”?
- Como unos 4 ó 5 meses.
- ¿Cuánto hace que estás con Nacho?
- ¿oficial o extraoficialmente?
- …
- Joder, Cristian. Empecé a acostarme con Nacho hace como ocho meses. Sí, pero estuvimos un tiempo que no sabíamos que éramos o, lo sabíamos menos que ahora. En ese tiempo, no asumí ningún compromiso de fidelidad, ambos podíamos hacer lo que quisiéramos. Luego, simplemente no tuve la necesidad de recurrir a Dani, un pacto no escrito.
- Pero ahora te da rabia que se case, cuando igualmente él compartía cama contigo cuando tenía novia.
- Pero no se casa conmigo…
- Pero tú no te quieres casar…
- Pero es Dani…
- ¡Pero eres lo peor!
Recordaba aquella conversación telefónica con Cristian mientras al otro lado de la línea ahora se encontraba Nacho.
- No te entiendo y no sé si quiero entenderte.
- Ven, creo que… no… no lo creo, lo sé. Tengo que contarte algo.
A Laura le temblaba la voz, a Nacho, en cambio, el resto del cuerpo.
lunes, 26 de abril de 2010
Si hace falta, te enseño a hacer el pino

Pablo esperaba en la puerta de aquel sexto piso situado en la calle Valencia. No sabía si Laura le abriría la puerta o no, pero sabía que estaba dentro porque minutos antes la había visto en el "balcón-casi-terraza-donde-
jueves, 15 de abril de 2010
Llevaba tus zapatos

Primer tono. ¿Le cogerá el teléfono? Segundo tono. Claro que se lo cogerá. Tercer tono. Vale, de acuerdo es posible que no se lo coja. Cuarto tono. Lo sabía.
miércoles, 3 de marzo de 2010
La teoría de los clips

jueves, 11 de febrero de 2010
Las lavadoras se ponen los domingos (II)

- No sé, no estoy acostumbrado a que me laven la ropa.
- Siempre te la lavan, ¿acaso quitas las manchas a mano?
- No, quiero decir… ya me has entendido… es que…
- No te pongas nervioso, me iré mañana por la mañana.
- Yo…
- Ya, tú no me echas, pero no sabes qué hago aquí.
Volvía a hacerlo. Le leía la mente. Interpretaba su mirada. Encontraba las palabras para expresar sus pensamientos. No quería que se fuera, no quería tenerla allí, no sabía lo que quería.
- Puedes quedarte el tiempo que quieras.
- ¿Desde cuando el ser humano sabe lo que quiere?
viernes, 22 de enero de 2010
Las lavadoras se ponen los domingos (I)

- - Laura, no te oí llegar ayer.
- - Normal, hacía un par de horas que estaba en casa cuando apareciste.
Iba de un lado para otro con una taza de café en una mano y ropa en la otra. Salía a la terraza y volvía sin ropa en la mano y a veces sin taza. Cuando esto pasaba volvía a salir, la recogía de la silla verde y volvía a entrar en el piso. De pronto salió al comedor.
- - ¿Sólo tienes esto para lavar?
- - Eh… no lo sé, no me lo había planteado. ¿De dónde has sacado eso? Des de la semana pasada que no veía esa camiseta y el caso es que el jueves quise ponérmela y no pude.
- - ¿De dónde la he sacado? Ja,ja,ja ¿qué no sabes que tienes un cesto de ropa sucia en el lavabo?
- - Ahh… sí ahora que lo dices me suena algo. Lo compró Pablo cuando vivía aquí. Pensé que se lo había llevado.
- - Supongo que lo pensabas porque estaba detrás de la puerta y cómo tú nunca la cierras…
¿Cómo sabía eso? Mejor dicho, ¿Cuántos días llevaba allí para saber eso? Volvió a salir a la terraza con la taza y la ropa que había descubierto. Se quedó mirando al frente un rato.
- - Los vecinos de abajo están discutiendo. Él llegó más tarde que tú. ¿Carlos se llama? Me lo encontré ayer cuando venía de la compra. Creo que no llegarán lejos, ella es demasiado celosa. El martes le lió una buena cuando descubrió unos mensajes de una tal Ainara. Deduje que era una compañera de trabajo por el contenido, pero ella le decía que no era normal que se enviase mensajes con esa “bruja caza hombres”, que para eso estaba el correo.
- - Llevan años así. No creo que se separen, siempre vuelven.
- - Bah, un día todo se acaba.
Entró de nuevo en el piso. Ahora entendía porque cuando a las 5 de la mañana había abierto la nevera para coger leche y estaba llena. Él entró en su habitación y sacó la ropa y se la dio “Creo que ya no hay nada más”. Ella entonces salió de nuevo ahora sin taza pero con un libro.
- - ¿Te puedo hacer una pregunta?
- - Claro. Otra cosa es que te la conteste.
- - ¿Por qué me pides la ropa sucia?
- - ¿Qué tipo de pregunta es ésa?
martes, 12 de enero de 2010
Teníamos un trato

Pasaban más de veinte minutos de las ocho cuando se abrió la puerta. En el comedor parecía que había pasado un ciclón. La mesa estaba llena de papales subrayados con demasiados colores, sobre las sillas descansaban montones de libros abiertos o por abrir y el suelo, era una extensión de la mesa. Laura, en el sofá miraba sin demasiado entusiasmo una serie de televisión.
- Teníamos un trato.
- También teníamos café y esta mañana se ha acabado.
- ¿Qué? Y seguro que no has comprado. ¿Qué voy a desayunar mañana? Pero, no me cambies de tema. Ya sabes de qué trato te hablo. Podías pasar aquí unas semanas si no cambiabas la decoración. Y éste, no parece mi piso.
- Ah, de ese trato me hablas. En una convivencia hay que ceder. Yo acepto que seas tan ordenado. Acepta tú que yo también lo sea.
- ¿El que? ¿Ordenada?
- Sé perfectamente dónde está cada cosa.
- ¿El subrayador amarillo?
- Encima de la silla más cercana a la puerta.
- ¿El verde?
- Debajo de la mesa, junto a una goma de borrar y un punta fina azul.
- ¿El lila?
- No tengo subrayadores lilas... ¿Ves? Todo en orden.
- No, no todo está en orden. ¿Cuándo piensas volver a dejarlo todo como estaba?
- Mmm... No sé. Déjame pensar. El viernes tengo un examen, pero la semana que viene tengo que entregar un reportaje, una crítica y un trabajo indescriptible. Quizá el próximo martes esté lo suficientemente estresada como para hacerlo.
- ¿No sería más fácil hacerlo hoy o mañana?
- ¡Eh! Estoy viendo Seinfield, ¿Vale? Además... Si lo hago ahora... ¿Qué haría el martes?
- ¿Hacer los trabajos?
- ¿Y qué haría el jueves por la noche?
- ¿Dormir?
- ¡Bahh! Entonces no tiene emoción.
- En serio, no te entiendo, ni siquiera te gusta esa serie.
- Tampoco me gusta despertarme a la siete y hoy lo he hecho. Son cosas de la vida, rutinas, manías… llámalas como quieras.
- No pienso discutir contigo. Por cierto... ¿De qué otro trato podría esta hablándote?
- No sé, quizá del de no dormir juntos otra vez. También lo teníamos y tampoco lo he cumplido. Ah, claro como ese también lo has roto tú no pasa nada.
- No es lo mismo.
- Es un trato igual.
- Me voy a la ducha.
- Eso, huye.
- No huyo.
- Te equivocas.
- ¿Cómo?
- Sí he comprado café.
martes, 3 de noviembre de 2009
El despacho del Señor R
Con el dedo índice reseguía las diferentes alturas de la estantería principal, al lado derecho del escritorio. Luego, pasó a los libros que aún quedaban de pie. Ediciones de bolsillo, ediciones de coleccionista, simples espirales con obras aún sin conocer, Todos iban pasando por su yema gris. Entre ellos reconoció Las arquitecturas del deseo, se detuvo y sonrió.
El escritorio era una montaña de papeles etiquetados con mil y un post-it, de sólo dos colores. Sus deducciones la habían llevado a hacer una clasificación: los verdes, cosas importantes, los amarillos, cosas que pueden esperar. Entre los miles de papeles amontonados o simplemente dejados a su libre albedrío en una esquina se adivinaba una pantalla de ordenador con dos post-its naranja (que le acababan de desmontar su teoría pues: ¿Qué había entre una cosa importante y otra que no lo es?), Bajó la mirada e intuyó un teclado, pensó y dedujo un ratón.
En la esquina contraria había unas cuantas revistas mezcladas con hojas sin positear (¡No! También existía una no clasificación), correo sin abrir y sobres de correo que nunca debería haber abierto pues el interior estaba en la papelera. En el suelo había más montones de papeles, por suerte, destacados en verde o amarillo, ninguno en naranja (o al menos no a simple vista). También había carpetas o archivadores medio abiertos dispuestos a que alguien buscase en ellos notas de hace demasiado tiempo.
Hacía mucho tiempo que no se sentía tan bien entre desorden. Hacía unos meses que tenía un ataque compulsivo de recoger y guardar cualquier papel, carta o espíritu que rondara por su casa. Pero aquello era diferente. Era ese despacho, desordenado, caótico, limpio y encantador. Des de la ventana se adivinaban personitas paseando, charlando, gastando… y se veían nubes y otros despachos (éstos, bastante ordenados, demasiados, pensó).
Buscaba alguna imagen. Unos hijos, unos sobrinos, una novia, una ex. Alguna fotografía que le permitiera adivinar algo más. Pero ni marcos ni fotos, simplemente un muro lleno de recortes de prensa, fotografías en blanco y negro, un mapamundi amarillento con muchos agujeros y pocos alfileres y la imagen de una chica que sin quererlo imitaba El desconsol.
- Todos los halagos se los lleva siempre Capa, pero a mí me gusta más ella, Taro. ¿Te gusta la fotografía?
Se dio la vuelta de un sobresalto haciendo caer algunos recortes mal asegurados. No se esperaba que entrase tan sigilosamente, no sabía qué decir.
- Eh… sí, pero…
- ¿Igual o más que cotillear las cosas de los demás?
- Menos.
- Me lo temía.
martes, 29 de septiembre de 2009
Errores

domingo, 7 de junio de 2009
Como si fueramos unos animales...
domingo, 31 de mayo de 2009
Descorchemos una botella de ron (II)

- Creo que aún te duran los efectos del alcohol.
- Cómo quieres que no me duren si dejé de beber hace apenas unas... qué... emmm no sé la última vez que miré el reloj eran las cinco, fue cuando nos fuimos de la fiesta. Pero creo recordar que me fui a dormir con luz... No lo sé, en todo caso déjame en paz.
- ¿Qué recuerdas de ayer?
- Que NO querías escucharme, que NO querías que bebiera más, que NO querías darme un abrazo... ¿Quieres algún "NO" más? Seguro que si me pongo a pensar hay más ¡Ah! También recuerdo que antes de regresar a casa SÍ me lo estaba pasando bien.
- Bebiste mucho.
- Ya te dije que no lo suficiente. En todo caso no sé porque te molesta tanto. TÚ también bebiste. Ahora viene un "claro, pero no tanto como TÚ", ése es TU problema, no MI problema. Si ahora estás aburrido y no resacoso y te aburres y quieres molestar a alguien... llamas a algún amigo y me dejas a MÍ en paz porque estoy harta de TI y de TUS malditos sermones.
- Es que te tienes que ir. En una hora llega Clara y tengo que llevarte a TI y todas TUS cosas a TU casa.
- ¿Clara? ¿Quién es Clara?
- Alguien que no sabe que existes y que debería continuar siendo así. Y Claro si te ve a TI y al rastro de TÚ semana aquí quizá se extrañe. Más que nada porque le he dicho que estaba ordenando y recogiendo la casa -cosa que has hecho y te agradezco porque así la excusa es más creíble- y tenía todo por medio, por tanto prefería que no viniera, pero claro si ve TUS libros, TU ropa, TUS bolsos y los tres pares de zapatos que has dejado repartidos por toda la casa quizá se extrañe. ¿No crees?
- Quizá...
- Pues levántate, yo iré recogiendo TUS cosas.
miércoles, 27 de mayo de 2009
El concierto de silencio
- ¿Perdona? ¿En serio crees que tengo tiempo para jugar?.
- Seguramente no, pero si te piensas que a mi me sobra, andas muy equivocada. Simplemente lo hago para que podamos llevarnos bien lo que queda de semana. No me mires como si estuviera loco. Estoy harto de que me enseñes los colmillos cada vez que te digo algo que crees que nod ebería haber dicho.
- Pero sabes que suelo tener razón.
- No tanta como te imaginas. pero silencio. Vamos a la terraza.
[...]
- Vale, ahora siéntate aquí y tápate los ojos.
-En serio, tengo muchas cosas que hacer, muchas cosas que borrar de la lista imaginaria de tareas pendientes. Y ¿Qué es todo esto?
- Unos cascos, unos micrófonos y un veraniego día de mayo. Sí, falta la playa o un parque para que sea pefecto, pero no los he podido conseguir con tan poca antelación. tare ya te tapo yo los ojos.
- ¿Ahora qué?
- Ahora te callas y cuando te pregunte me reposndes.
[...]
- ¿Qué oyes?
- Una mirada cómplice.
[...]
- ¿Qué oyes?
- Unos pasos que se acercan.
[...]
- ¿Qué oyes?
- Un beso de despedida.
[...]
- ¿Qué oyes?
- Un abrazo olvidado des de hace mucho tiempo.
[...]
- Es el sonido de todo el silencio que te pierdes por no jugar más amenudo.
martes, 26 de mayo de 2009
Conversación con el Señor Morales
domingo, 26 de abril de 2009
Descorchemos una botella de ron (I)
- ¿Ron?
-Sí, ron. Ron de la botella vacía que hay encima de la mesa de trabajo que tiene la función de jarrón de unas flores secas que desprenden olor a momentos alegres.
- ¿Sabes que acabas de formular una frase muy larga y liosa?
- Sí, lo sé, pero me da igual.
- ¿Por qué te da igual?
- Porque necesito ron.
-¿Has bebido?
-No, o al menos no lo suficiente así que me voy a acabar tu cerveza.
-¿Lo suficiente para qué?
-Lo suficiente para… ¡pedirte un abrazo!
-Pero si nunca has necesitado ron para eso.
-Eso es lo que tú te piensas. Pero no necesito un ron cualquiera, necesito el ron que hay encima de ...
-¡La solución! Aunque bien podría tenerla esa cerveza que me acabas de quitar.
-¿La solución a qué?
-A todo lo susceptible a ser solucionable. Iepa! És meva! Esther is happy!
-Yo que creía que todos los problemas podías solucionarse de una forma u otra.
-Mmm… no creo, pero ¿sabes qué creo, no, no ¿sabes qué afirmo? Que todas las soluciones generan problemas. Seguro, indiscutible, tengo razón, me merezco un trago.
-A ver, a ver… entonces el ron te va a solucionar unos problemas y a la vez te generará otros.
-Claro, de acuerdo, tiene razón, amigo, como siempre. Mas no te diste cuenta que tú mismo, amigo, te contestaste. ¿Quién ha dicho que yo quiera solucionar los problemas que me va a generar el ron? Yo quiero solucionar los problemas de ahora. Bueno, al menos los que sean solucionables. Ya nos preocuparemos más adelante.
-¿Y esos solucionables son muchos o pocos?
-No sé, consígueme ron y te lo cuento que la cerveza de momento no sirve.
-No te entiendo.
-Ni falta que hace. ¿Nunca te hablé de ron?
-Ni falta que hace.
-Ñiñiñi. Sí hace falta, és molt molt necessari! “Necesito ron” me oirás decir muchas veces, amigo, cuando no sepa que hacer con mi vida, necesitar ron es necesitar… una especie de… Sí, ya lo tengo una especie de ¡catarsis! ¡Oh! Cuantísimo me gusta esta palabra ¡Brindemos! Catarsis… ¡Volvamos a brindar! En fi… Romper con todo, poner en orden las ideas, decir “hasta aquí llegó el caos”. Eso en necesitar ron de la… No… Ron que… bueno de ese que sabes. Aunque íbamos por el caos, ¿verdad? Caos, que harmonía más irregular, que orden más desordenado, que dulce más amargo, que trago más corto.
-Qué incongruencias más grandes…
-¡Bah! No tengo ganas de oírte, tengo ganas de que me escuches decir…
-¿Decir más tonterías?
-¡No! Eh, ¿por qué te la has acabado? ¿También te apetece cambiar de problemas? Es igual, no me contestes, estaba hablando yo. Sí, sí vuelvo al tema “Quiero que me escuches decir” que no bebo ron, que si me pongo a pensar creo que quizá ni me guste, que nunca he bebido ron por mucho que lo vaya proclamando en mis vidas virtuales, que mi ron no es alcohol. Que no quiero ser un pirata, que no quiero que me dejes serlo, que quiero que me des un abrazo. Y tú, ¿qué quieres?
-¿Yo? Quiero ron.
jueves, 16 de abril de 2009
en65palabras

-Miénteme. Dime que tu vida no cambiaria si un día desaparezco. Dime que no me vas a echar de menos. Dime que no he significado nada, que ni siquiera guardarías un lejano recuerdo de nuestras conversaciones.

