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domingo, 16 de octubre de 2011

El juicio final (II)


- Uo, no sabes lo real que suena la palabra muerte en tu boca.
- ¿Acaso me crees más a mí que a los médicos? -Le dijo Laura desviando la mirada hacia la ventana.
- No... Pero los amigos suelen decir eso de "la esperanza es lo último que se pierde" o "todo irá bien". Respondió Dani mirando el reflejo de la chica.
- Nosotros no somos amigos y tú te vas a morir.
Suspiró él intentando mantener la calma en la que podría ser la última conversación con ella. "¿Puedes dejar de repetirlo?", exclamó. Sonó a orden más que a pregunta, sin embargo; no había enfado en sus palabras. Entonces sí, Laura se giró hacia él y con una sonrisa pícara, nada acorde con la situación si ella no fuese ella y él no fuese él, contestó:
- Claro, ¿Es tu última voluntad?

martes, 30 de agosto de 2011

El juicio final


Dani conservaba sus ojos traviesos, Laura sus ganas de pelea. La única diferencia de tantas otras veces era la cama del hospital, el oxígeno y las sábanas blancas.

- Pensaba que estarías tan enfadada que no vendrías.
- Dani, hemos vivido demasiadas cosas como para perderme tu muerte.

martes, 16 de agosto de 2011

¿Cuánto me quieres?

Después de recoger los restos de la fiesta de cumpleaños de Nacho, Laura y Pablo se dieron cuenta que habían sobrevivido a los preparativos, a la celebración y a la mañana siguiente sin haberse atacado más de la cuenta.


-Bueno, parece que lo hemos logrado. Como dice Nacho, debemos apreciarnos un poco en el fondo. ¿No crees, Laura? Nacho estará contento.
- Claro... De hecho te voy a confesar una cosa. Yo te quiero tanto como a la sal.
- ¿Cómo debo de senirme al escuchar esa frase de alguien que deja los platos sosos?
- Debes sentirte tremendamente halagado... No te he dicho que no te quiero, sino que te quiero en tu justa medida. ¿Y tú a mi, cuanto me quieres?
- Yo... Cómo a los limones.
- Eres alérgico a ellos...
- Y, a pesar de ello, siempre acabo bebiendo tequila...

Deapués de las confesiones culinarias, no podían hacer otra cosa que brindar ocn un trozo de pizza del díana nterior.













domingo, 25 de julio de 2010

La herencia

- Laura, ¿has visto lo que le han dejado en herencia a tu amigo?
Un gran lienzo, pintura impresionista, autor desconocido. A Laura no le extrañaba que no se hiciera famoso.
- ¿Quién se ha muerto?
- Un tía de esas que sólo ves cuando eres pequeño.
- ¿Le caías bien?
- Claro. Era su sobrino favorito.
- No lo parece.
- Ves, ella opina como yo.
- ¿Qué le ha dejado a tus hermanas?
- No lo sé. ¿Por qué?
- Quizá viviste engañado y sus favoritas fueran ellas.
Pablo no podía sino darle la razón a aquella chica que le sacaba de quicio. El cuadro era horroroso, no pegaba con la combinación de la casa y, encima, daba un poco de miedo.
- ¿Dónde lo vas a poner?
- Aún no lo sé, ¿propones alguna idea?
- Creo que en el contenedor de la esquina queda sitio.
- Laura, te estás pasando.
- Vamos, sólo le pone palabras a los pensamientos de la sala.
- Ahora resulta que la defiendes. A mí me gusta.
- Sólo te gustan las cosas que dan miedo.
- Oye, haré ver que no he escuchado eso por las segundas intenciones que pueda tener.
Laura y Pablo entraron en la cocina mientras el nuevo dueño de aquél cuadro lo observaba.
- Laura, y cuando te mueras ¿Tú qué me vas a dejar?
- ¿Cómo?
- Sí, llevo demasiado tiempo aguantándote y ni siquiera somos amigos. Algo me debo merecer, deberías dejarme algo.
- Tranquilo.
- ¿Qué?
- Cuando me muera te voy a dejar tranquilo. Dejaré escrito en el testamento que prometo no aparecerme en sueños o alucinaciones producidas por substancias prohibidas.
- Mm… Es mucho mejor que un cuadro. ¡Gracias!

domingo, 9 de mayo de 2010

La Boda de Dani (II)


Laura esperaba a Nacho en la barra, cerca de la puerta y lejos del gran salón donde los invitados bailaban al ritmo de canciones que nunca pasan de moda. Se había vuelto a poner los zapatos y tomaba una caipirissima. Sabía lo que le quería decir, pero no sabía si era el momento, ni siquiera si hacía falta contarle a Nacho aquello. Era importante que no hubiese pasado nada aquella noche, sin embargo, sin el contexto Nacho no lo entendería y explicar el contexto significaba explicarle muchas cosas.

- ¿Laura?

Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no había percibido la presencia de Nacho en la barra.

- ¡Me has asustado! Pide algo y vayamos fuera, tengo que contarte algo y no sé como, quizá el aire fresco me aclare las ideas.
- Mmmm... de acuerdo. ¿Me debería preocupar?
- En realidad no.

Se instalaron en un columpio. Parecían estar en un porche de serie americana, sólo les faltaba na manta y que empezara a anochecer. Pero estaban a las afueras de Barcelona, eran las nueve y el verano les obsequiaba con una cálida luz y una suave brisa.

- ¿Sabes por qué quería venir sola?
- Puedo imaginármelo y... supongo que está relacionado con lo que me quieres decir ahora... ¿No?
- No de la manera que crees.

Laura dio un gran sorbo a su caipirissima y dejó el vaso en el suelo. volvió a quitarse los zapatos y a adoptar la posición del baño.

- No me he podido acostar con Dani y es culpa tuya o... gracias a ti. No, espera déjame acabar. ¿Recuerdas por qué rompí con Marc? Tras una discusión salió de fiesta y se levantó al día siguiente con una chica que no era yo. Bien... Dani y yo mantuvimos una relación paralela, esporádica y húmeda a lo largo del año y medio que estuve con Marc.

Nacho había pasado querer decir algo a no poder articular palabra. No entendía la actitud de Laura ni en aquel momento ni en el momento del que hablaba y tampoco por qué se lo contaba a él.

- Quería despedirme de Dani. Cuando nuestra relación estaba más indefinida que ahora nos habíamos visto alguna vez y, pensaba que al no tener etiqueta podría... bueno, ya sabes, un último adiós. Cuando estábamos encerrados en el baño, él me iba bajando la cremallera y me susurró "Te he echado de menos". Entonces retumbó en mi cabeza "Vamos Pablo yo confío en Laura". Y me puse a llorar. Y le aparté. Y se enfadó. Y se fue. Y te llamé. Y...
- ¿Si no hubiese dicho eso hubieras seguido?
- No... Hubiese escuchado otras cosas como "¿Qué vemos esta noche?", "Ha sido ella quien se ha acabado el café" o "Vamos, es el mando de la tele no un lingote de oro". Palabras que no quiero dejar de escuchar.
- Lau...

Nacho entendió que Laura no se lo contó para dejarle claro que no le había sido infiel, sino para mostrarle que aquello estaba tomando un cáliz que ninguno de los dos sabía como interpretar, que estaba empezando a ser algo más que diversión y casualidad.

- Si esto fuese una película debería decirte "Te quiero".
- Mejor que no lo hagas, prefiero seguir en la vida real.

miércoles, 28 de abril de 2010

La Boda de Dani (I)

- Ven a buscarme por favor.

Laura estaba sentada en un sofá de polipiel rojo. Se había quitado los zapatos y tenía las rodillas contra el pecho. Nunca había entendido porqué en el descansillo de muchos restaurantes de categoría había muebles tan cómodos. Al lado tenía una mesita donde descansaba su bolso y una lámpara llena de lágrimas de cristal que chocaban entre ellas cuando el viento suave entraba por la ventana que había al fondo del baño. Entre pasillo y habitación distribuidora no había puerta, simplemente un gran arco de madera barnizada.

- ¿Cómo ha ido?

- Depende del filtro con que lo mires.

Hacía como tres meses que recibió una carta que decía “Daniel BR y Rosa LM se complacen en invitarles a su boda”. Aquella carta le había causado una especie de shock emocional que no había sabido interpretar.

- Cristian, Dani se casa y no es conmigo.

- Ahá.

- Me parece muy fuerte y más aún que me invite.

- Ahá.

- Cristian esto es serio…

- Tú estás con Nacho.

- No estoy con Nacho y, en caso que lo estuviera, no tendría nada que ver. Es Dani, llevo como media vida enamorada de él.

- Y la otra media como acostándote con él.

- No ha sido exactamente así y lo sabes.

Laura había conocido a Dani hacía 5 años, cuando ella tenía 19 y él 34. Era el entrenador de básquet bohemio con aires de poeta de su hermano. Alto, moreno, un poco desgarbado y con los ojos marrones. Un tipo muy normal que había ensimismado a Laura. Después de un año de cortejo e insistencia ella había conseguido atraparlo y era frecuente que en el momento menos pensado uno de los dos llamase. Sus claves eran muy sencillas basadas en una canción que Laura adoraba y que intentaba contagiar a cualquier persona de su alrededor. “Venga” y “Vale” eran la señal de un encuentro esporádico en el que acabarían sudando en el sofá, la cocina, el despacho o, quizá, una cama del piso de Dani, situado en la Calle París.

- Pero, ¿Cuánto hace que no... “quedáis”?

- Como unos 4 ó 5 meses.

- ¿Cuánto hace que estás con Nacho?

- ¿oficial o extraoficialmente?

- …

- Joder, Cristian. Empecé a acostarme con Nacho hace como ocho meses. Sí, pero estuvimos un tiempo que no sabíamos que éramos o, lo sabíamos menos que ahora. En ese tiempo, no asumí ningún compromiso de fidelidad, ambos podíamos hacer lo que quisiéramos. Luego, simplemente no tuve la necesidad de recurrir a Dani, un pacto no escrito.

- Pero ahora te da rabia que se case, cuando igualmente él compartía cama contigo cuando tenía novia.

- Pero no se casa conmigo…

- Pero tú no te quieres casar…

- Pero es Dani…

- ¡Pero eres lo peor!

Recordaba aquella conversación telefónica con Cristian mientras al otro lado de la línea ahora se encontraba Nacho.

- No te entiendo y no sé si quiero entenderte.

- Ven, creo que… no… no lo creo, lo sé. Tengo que contarte algo.

A Laura le temblaba la voz, a Nacho, en cambio, el resto del cuerpo.


lunes, 26 de abril de 2010

Si hace falta, te enseño a hacer el pino


Pablo esperaba en la puerta de aquel sexto piso situado en la calle Valencia. No sabía si Laura le abriría la puerta o no, pero sabía que estaba dentro porque minutos antes la había visto en el "balcón-casi-terraza-donde-nos-gusta-cenar-en-verano" como ella lo llamaba, observando el horizonte. Quizá le había visto ella a él, o quizá simplemente estaba concentrada en su mundo paralelo, un universo difícil de descifrar.
- ¿Qué haces aquí?

Laura le había abierto la puerta, pero se mantenía en una actitud defensiva.

- Hace más de una semana que no pasas por casa.
- Quizá porque hace más de una semana que me dejaste claro que estabas harto de mi.
- Pero... no te dije que dejaras de venir.
- "Ojalá no pusieras nunca más un pie en esta casa".
- ¿Dije eso? En ese caso... te enseño a hacer el pino y luego ya negociaremos.

Laura hizo un ademán de cerrarle la puerta en la cara, más por que no la viera reírse que porque siguiera enfadada.

- Venga, estoy intentando pedirte perdón... en el calendario pone que toca regar al Mr. Stinson y sabes que ni Nacho ni yo lo vamos a hacer... ¿vas a dejarlo morir?.
- ¡Oh! No le has llamado cactus del diablo.
- Bueno, esta semana sin ti hemos estado hablando y bueno..., no es tan asesino como creía. Él te hecha de menos, dice que hablar conmigo no es lo mismo.
- ¿Y tu?
- Yo también prefiero discutir contigo que con él... pero no se lo digas.

Laura ya no podía evitar sonreír con la escena que estaba montando Pablo así que decidió darlea una tregua.

- Anda, pasa... Hablemos sobre el futuro del Mr. Stinson.
- Te ha echado mucho de menos.
- ¿Sí?
- Es un cactus muy sentimental.
- Ya... lástima que a veces sea un poco... ¿bruto?
- Si vuelves, me ha prometido que intentará suavizarse.
- ¿Y que dice Nacho al respecto?
- Creo que está harto de los dos... de ti y del cactus claro.
- En ese caso, enséñame a hacer el pino cuanto antes.

Y Pablo y Laura brindaron con dos cervezas bien frías.

jueves, 15 de abril de 2010

Llevaba tus zapatos


Primer tono. ¿Le cogerá el teléfono? Segundo tono. Claro que se lo cogerá. Tercer tono. Vale, de acuerdo es posible que no se lo coja. Cuarto tono. Lo sabía.

-¡Nacho! Me he acordado de ti. Muy fuerte, verás. Iba a coger el metro para volver a casa, pero no estaba tan lejos así que he decidido volver a casa a pie. De hecho estoy volviendo aún, pero a lo que iba. Bajaba por Aribau y de repente ¡zas! Un chico muy alto, ni demasiado rubio ni demasiado poco, verdes... ¡ojazos verdes! Perfecto...

Al otro lado del teléfono, Nacho miraba su reflejo en el ordenador. Sí, era alto, sí tenía unos ojos verdes envidiables y bueno... el pelo... estaba claro que no era demasiado rubio. Un castaño indefinido. Sí... Laura estaba rendida a sus pies. Llamarle sólo para decirle eso. Esboza una pequeña sonrisa. Sí, sí.

- Tan perfecto que hemos chocado por mi culpa, claro iba ensimismada pensando en mi nuevo príncipe azul, hemos chocado y se ha disculpado. ¿¡Dónde estaba una persona así!? Bueno a mi se me han caído libros y algún boligrafo que llevaba en la mano porque había salido súper rápido de casa de Ally porque me iban a cerrar en súper que hay justo enfrente de su casa. Pero tranquilo he llegado a tiempo. Ahora voy cargada con los libros y la compra. Por suerte he chocado antes, ¿te imaginas las latas de Coca Cola, las galletas y los tomates rodando por la calle? En fin... Bueno, que me voy del tema... ¿Sigues ahí?

Claro que seguía ahí. Esperaba el momento de escuchar "Era tan perfecto, me ha recordado tanto a tí"

-Sí, claro.

- Perfecto. Vale pues me mira, le miro. ¡Uff que guapo! Lleva una camiseta negra, lisa, de manga corta ¡Sin rayas ni estampados raros! Con una sudadera verde. Suerte que estaba desgastada... En sus mejores tiempos debería haber sido verde nuclear. Vaqueros, perfectos, en su sitio. Desgastados. Un reloj digital, negro, también! No me fijé del todo pero alguien tan ideal seguro que llevaba un piercing en la ceja...

Le ha dicho tantas veces que uno de sus mayores defectos es no llevar uno de esos... Seguro que se ha imaginado como le quedaría a él y por eso lo ha incluido en su descripción.

-El caso es que me agacho para recoger mis cosas, se agacha... que majo en serio... y de repente. ¿Sabes qué he visto? ¡He visto que llevaba tus zapatos! Sí, esos horribles que odio los que tu dices que son negros pero en realidad son azuloscurocasinegro, pero se nota que son azules. Que no son lisos, peor las arrugas son poco definidas.. Bueno los pliegues como tu les llamas. No he podido evitar reírme y el chico no me entendía. Le he dado las gracias y me he ido corriendo con al excusa que me iban a cerrar, pero en realidad... en realidad es que ha dejado de ser perfecto y se ha convertido en un simple mortal más. ¡Como tú! ¿No es genial desmitificar a las personas antes que se conviertan en una obsesión?

- Laura... ¿Algo más?
- Sí... he decidido intentar pasar por el mismo sitio a la misma hora todos los jueves... Si no puedo verte a ti, al menos veré tus zapatos. Ciao Nacho.

En casa, Nacho no sabe como sentirse. Después de tanto tiempo aún no entiende del todo los dobles sentidos de Laura. Aún no sabe qué hacer cuando le cuelga tan de repente, no entiende su juego, sólo sabe que no puede dejar de jugar y que por mucho que se lo piense siempre cogerá el teléfono. En la calle, Laura guarda el móvil con una sonrisa. "Y llegó el día en que me gustaron esos zapatos..." Piensa mientras gira por la calle Provença.

miércoles, 3 de marzo de 2010

La teoría de los clips



Llegados a este punto era inevitable formular una teoría en firme para que alguien se la refutara, para que él se la refutara.

- ¿No lo ves? Tiene que significar algo.
- Claro, Laura, que la gente es despistada y pierde cosas. No hay más.
- ¿Y lo de ayer? ¿Cómo explicas que lo viera el lunes, no lo rescatara y el martes continuara allí?
- Pues que la señora de la limpieza del edificio no es demasiado eficiente.
- No. Hay más. A ver, ¿Qué es un clip? Un utensilio que sirve para para sujetar papeles para que no se pierdan, para que estén más ordenados.... Pues los "papeles" tienen que ser todas aquellas cosas que están desordenadas en mi vida y que debo poner en su sitio, como un medidor de problemas u obstáculos. por eso son de diferente tamaño y color.
- Y nacionalidad. No olvides que tu obsesión empezó en la bella Italia.
- Sí quizá también. Escucha. De cuarenta y cuatro clips actuales, tres son rojos y uno rosa. Podrían ser perfectamente pasiones y calma. Y el lila... debe ser la amistad. Los verdes deben referirse al reciclaje. El contenedor del plástico está lejos, no lo uso tanto como debería y últimamente no imprimo a doble cara porque en la oficina no puedo.
- ¿Y el resto?
- Pues los típicos problemas con la familia, el trabajo, dietas que nunca sigo, el gimnasio al que nuca voy, la película que nunca acabo de ver, los idiomas, un puzzle sin montar...

Todo era raro que por un momento parecía que tenía sentido. Entonces se percató de un detalle que ella había pasado por alto.

- ¿Y el blanco?
- Debe ser espiritual. Intento equilibrarme con feng shui, pero mi habitación no me permite hacer todos los cambios que necesito.
- ¡Ja,ja,ja! A veces me gustaría que te escucharas.
- Piensa lo que quieras, pero hasta ayer tenía 4 clips rojos.
- ¿Y?
- No sé, pregúntale a tus sábanas.

jueves, 11 de febrero de 2010

Las lavadoras se ponen los domingos (II)


- No sé, no estoy acostumbrado a que me laven la ropa.

- Siempre te la lavan, ¿acaso quitas las manchas a mano?

- No, quiero decir… ya me has entendido… es que…

- No te pongas nervioso, me iré mañana por la mañana.

- Yo…

- Ya, tú no me echas, pero no sabes qué hago aquí.

Volvía a hacerlo. Le leía la mente. Interpretaba su mirada. Encontraba las palabras para expresar sus pensamientos. No quería que se fuera, no quería tenerla allí, no sabía lo que quería.

- Puedes quedarte el tiempo que quieras.

- ¿Desde cuando el ser humano sabe lo que quiere?

viernes, 22 de enero de 2010

Las lavadoras se ponen los domingos (I)


- - Laura, no te oí llegar ayer.

- - Normal, hacía un par de horas que estaba en casa cuando apareciste.

Iba de un lado para otro con una taza de café en una mano y ropa en la otra. Salía a la terraza y volvía sin ropa en la mano y a veces sin taza. Cuando esto pasaba volvía a salir, la recogía de la silla verde y volvía a entrar en el piso. De pronto salió al comedor.

- - ¿Sólo tienes esto para lavar?

- - Eh… no lo sé, no me lo había planteado. ¿De dónde has sacado eso? Des de la semana pasada que no veía esa camiseta y el caso es que el jueves quise ponérmela y no pude.

- - ¿De dónde la he sacado? Ja,ja,ja ¿qué no sabes que tienes un cesto de ropa sucia en el lavabo?

- - Ahh… sí ahora que lo dices me suena algo. Lo compró Pablo cuando vivía aquí. Pensé que se lo había llevado.

- - Supongo que lo pensabas porque estaba detrás de la puerta y cómo tú nunca la cierras…

¿Cómo sabía eso? Mejor dicho, ¿Cuántos días llevaba allí para saber eso? Volvió a salir a la terraza con la taza y la ropa que había descubierto. Se quedó mirando al frente un rato.

- - Los vecinos de abajo están discutiendo. Él llegó más tarde que tú. ¿Carlos se llama? Me lo encontré ayer cuando venía de la compra. Creo que no llegarán lejos, ella es demasiado celosa. El martes le lió una buena cuando descubrió unos mensajes de una tal Ainara. Deduje que era una compañera de trabajo por el contenido, pero ella le decía que no era normal que se enviase mensajes con esa “bruja caza hombres”, que para eso estaba el correo.

- - Llevan años así. No creo que se separen, siempre vuelven.

- - Bah, un día todo se acaba.

Entró de nuevo en el piso. Ahora entendía porque cuando a las 5 de la mañana había abierto la nevera para coger leche y estaba llena. Él entró en su habitación y sacó la ropa y se la dio “Creo que ya no hay nada más”. Ella entonces salió de nuevo ahora sin taza pero con un libro.

- - ¿Te puedo hacer una pregunta?

- - Claro. Otra cosa es que te la conteste.

- - ¿Por qué me pides la ropa sucia?

- - ¿Qué tipo de pregunta es ésa?

Era el tipo de pregunta que no le quería hacer, pero era la única forma de saber qué hacía allí sin que ella se sintiera atacada

martes, 12 de enero de 2010

Teníamos un trato


Pasaban más de veinte minutos de las ocho cuando se abrió la puerta. En el comedor parecía que había pasado un ciclón. La mesa estaba llena de papales subrayados con demasiados colores, sobre las sillas descansaban montones de libros abiertos o por abrir y el suelo, era una extensión de la mesa. Laura, en el sofá miraba sin demasiado entusiasmo una serie de televisión.

- Teníamos un trato.
- También teníamos café y esta mañana se ha acabado.
- ¿Qué? Y seguro que no has comprado. ¿Qué voy a desayunar mañana? Pero, no me cambies de tema. Ya sabes de qué trato te hablo. Podías pasar aquí unas semanas si no cambiabas la decoración. Y éste, no parece mi piso.

- Ah, de ese trato me hablas. En una convivencia hay que ceder. Yo acepto que seas tan ordenado. Acepta tú que yo también lo sea.
- ¿El que? ¿Ordenada?

- Sé perfectamente dónde está cada cosa.
- ¿El subrayador amarillo?

- Encima de la silla más cercana a la puerta.
- ¿El verde?
- Debajo de la mesa, junto a una goma de borrar y un punta fina azul.
- ¿El lila?
- No tengo subrayadores lilas... ¿Ves? Todo en orden.
- No, no todo está en orden. ¿Cuándo piensas volver a dejarlo todo como estaba?

- Mmm... No sé. Déjame pensar. El viernes tengo un examen, pero la semana que viene tengo que entregar un reportaje, una crítica y un trabajo indescriptible. Quizá el próximo martes esté lo suficientemente estresada como para hacerlo.
- ¿No sería más fácil hacerlo hoy o mañana?

- ¡Eh! Estoy viendo Seinfield, ¿Vale? Además... Si lo hago ahora... ¿Qué haría el martes?
- ¿Hacer los trabajos?

- ¿Y qué haría el jueves por la noche?
- ¿Dormir?
- ¡Bahh! Entonces no tiene emoción.
- En serio, no te entiendo, ni siquiera te gusta esa serie.
- Tampoco me gusta despertarme a la siete y hoy lo he hecho. Son cosas de la vida, rutinas, manías… llámalas como quieras.
- No pienso discutir contigo. Por cierto... ¿De qué otro trato podría esta hablándote?

- No sé, quizá del de no dormir juntos otra vez. También lo teníamos y tampoco lo he cumplido. Ah, claro como ese también lo has roto tú no pasa nada.
- No es lo mismo.
- Es un trato igual.
- Me voy a la ducha.
- Eso, huye.
- No huyo.
- Te equivocas.
- ¿Cómo?
- Sí he comprado café.

martes, 3 de noviembre de 2009

El despacho del Señor R

Con el dedo índice reseguía las diferentes alturas de la estantería principal, al lado derecho del escritorio. Luego, pasó a los libros que aún quedaban de pie. Ediciones de bolsillo, ediciones de coleccionista, simples espirales con obras aún sin conocer, Todos iban pasando por su yema gris. Entre ellos reconoció Las arquitecturas del deseo, se detuvo y sonrió.

El escritorio era una montaña de papeles etiquetados con mil y un post-it, de sólo dos colores. Sus deducciones la habían llevado a hacer una clasificación: los verdes, cosas importantes, los amarillos, cosas que pueden esperar. Entre los miles de papeles amontonados o simplemente dejados a su libre albedrío en una esquina se adivinaba una pantalla de ordenador con dos post-its naranja (que le acababan de desmontar su teoría pues: ¿Qué había entre una cosa importante y otra que no lo es?), Bajó la mirada e intuyó un teclado, pensó y dedujo un ratón.

En la esquina contraria había unas cuantas revistas mezcladas con hojas sin positear (¡No! También existía una no clasificación), correo sin abrir y sobres de correo que nunca debería haber abierto pues el interior estaba en la papelera. En el suelo había más montones de papeles, por suerte, destacados en verde o amarillo, ninguno en naranja (o al menos no a simple vista). También había carpetas o archivadores medio abiertos dispuestos a que alguien buscase en ellos notas de hace demasiado tiempo.

Hacía mucho tiempo que no se sentía tan bien entre desorden. Hacía unos meses que tenía un ataque compulsivo de recoger y guardar cualquier papel, carta o espíritu que rondara por su casa. Pero aquello era diferente. Era ese despacho, desordenado, caótico, limpio y encantador. Des de la ventana se adivinaban personitas paseando, charlando, gastando… y se veían nubes y otros despachos (éstos, bastante ordenados, demasiados, pensó).

Buscaba alguna imagen. Unos hijos, unos sobrinos, una novia, una ex. Alguna fotografía que le permitiera adivinar algo más. Pero ni marcos ni fotos, simplemente un muro lleno de recortes de prensa, fotografías en blanco y negro, un mapamundi amarillento con muchos agujeros y pocos alfileres y la imagen de una chica que sin quererlo imitaba El desconsol.

- Todos los halagos se los lleva siempre Capa, pero a mí me gusta más ella, Taro. ¿Te gusta la fotografía?

Se dio la vuelta de un sobresalto haciendo caer algunos recortes mal asegurados. No se esperaba que entrase tan sigilosamente, no sabía qué decir.

- Eh… sí, pero…

- ¿Igual o más que cotillear las cosas de los demás?

- Menos.

- Me lo temía.

martes, 29 de septiembre de 2009

Errores


-A veces me pregunto en que momento de mi vida empecé a equivocarme. Si hace un año, hace cuatro, hace más...

- Empezaste a equivocarte en el momento que me escuhaste y me hiciste caso.

- ¿Hace tanto?

- Sí, demasiado.

- No sabia que los errores de vidas pasadas repercutieran en esta.

- Si no fuera así, en ésta me hubieras evitado.

domingo, 7 de junio de 2009

Como si fueramos unos animales...


- A veces me gustaría que los humanos fuésemos un poco más perros.
- ¿Y jugar más sucio aún?
- No, he dicho perros no realistas. Podríamos regalar alegría, sonrisas y muestras de cariño sin esperar nada a cambio y sin pensar en los demás. Un perro no se preocupa de si quieres recibir un lametazo o no. Te lo da y punto. No se preocupa de lo que piensas de él. Él es feliz y tú... también. ¿no te gustaría ser un poco más simple?
- Si es a cambio de babas no.
- A veces no sé porque me molesto en hablar contigo ¬¬

domingo, 31 de mayo de 2009

Descorchemos una botella de ron (II)


- ¿Por qué subes la persiana? Es domingo, no son ni las doce, mañana es fiesta... El día no tiene porque empezar antes de la hora de seguir durmiendo.
- Creo que aún te duran los efectos del alcohol.
- Cómo quieres que no me duren si dejé de beber hace apenas unas... qué... emmm no sé la última vez que miré el reloj eran las cinco, fue cuando nos fuimos de la fiesta. Pero creo recordar que me fui a dormir con luz... No lo sé, en todo caso déjame en paz.
- ¿Qué recuerdas de ayer?
- Que NO querías escucharme, que NO querías que bebiera más, que NO querías darme un abrazo... ¿Quieres algún "NO" más? Seguro que si me pongo a pensar hay más ¡Ah! También recuerdo que antes de regresar a casa SÍ me lo estaba pasando bien.
- Bebiste mucho.
- Ya te dije que no lo suficiente. En todo caso no sé porque te molesta tanto. TÚ también bebiste. Ahora viene un "claro, pero no tanto como TÚ", ése es TU problema, no MI problema. Si ahora estás aburrido y no resacoso y te aburres y quieres molestar a alguien... llamas a algún amigo y me dejas a MÍ en paz porque estoy harta de TI y de TUS malditos sermones.
- Es que te tienes que ir. En una hora llega Clara y tengo que llevarte a TI y todas TUS cosas a TU casa.
- ¿Clara? ¿Quién es Clara?
- Alguien que no sabe que existes y que debería continuar siendo así. Y Claro si te ve a TI y al rastro de TÚ semana aquí quizá se extrañe. Más que nada porque le he dicho que estaba ordenando y recogiendo la casa -cosa que has hecho y te agradezco porque así la excusa es más creíble- y tenía todo por medio, por tanto prefería que no viniera, pero claro si ve TUS libros, TU ropa, TUS bolsos y los tres pares de zapatos que has dejado repartidos por toda la casa quizá se extrañe. ¿No crees?
- Quizá...
- Pues levántate, yo iré recogiendo TUS cosas.
[...]
Per a tu, que t'agraden =)

miércoles, 27 de mayo de 2009

El concierto de silencio

- Ven, vamos a jugar a un juego.
- ¿Perdona? ¿En serio crees que tengo tiempo para jugar?.
- Seguramente no, pero si te piensas que a mi me sobra, andas muy equivocada. Simplemente lo hago para que podamos llevarnos bien lo que queda de semana. No me mires como si estuviera loco. Estoy harto de que me enseñes los colmillos cada vez que te digo algo que crees que nod ebería haber dicho.
- Pero sabes que suelo tener razón.
- No tanta como te imaginas. pero silencio. Vamos a la terraza.

[...]

- Vale, ahora siéntate aquí y tápate los ojos.
-En serio, tengo muchas cosas que hacer, muchas cosas que borrar de la lista imaginaria de tareas pendientes. Y ¿Qué es todo esto?
- Unos cascos, unos micrófonos y un veraniego día de mayo. Sí, falta la playa o un parque para que sea pefecto, pero no los he podido conseguir con tan poca antelación. tare ya te tapo yo los ojos.
- ¿Ahora qué?
- Ahora te callas y cuando te pregunte me reposndes.

[...]

- ¿Qué oyes?
- Una mirada cómplice.

[...]

- ¿Qué oyes?
- Unos pasos que se acercan.

[...]

- ¿Qué oyes?
- Un beso de despedida.

[...]

- ¿Qué oyes?
- Un abrazo olvidado des de hace mucho tiempo.

[...]

- Es el sonido de todo el silencio que te pierdes por no jugar más amenudo.

martes, 26 de mayo de 2009

Conversación con el Señor Morales


Aula 15, 10.00 A.M Clase de mètodes.
Sergio: ¿Cuál es el aula siete?
Esther: donde hacíamos clase en primero.
Sergio: ¡Ahh! Donde ahora hay ordenadores, ¿no?
Esther y Andrea: No ¬¬
Sergio: ¿Lo he soñado?
Esther y Andrea: Sí.
Sergio: No, eh...
Esther y Andrea: Sí...

domingo, 26 de abril de 2009

Descorchemos una botella de ron (I)

-Necesito ron.
- ¿Ron?
-Sí, ron. Ron de la botella vacía que hay encima de la mesa de trabajo que tiene la función de jarrón de unas flores secas que desprenden olor a momentos alegres.
- ¿Sabes que acabas de formular una frase muy larga y liosa?
- Sí, lo sé, pero me da igual.
- ¿Por qué te da igual?
- Porque necesito ron.
-¿Has bebido?
-No, o al menos no lo suficiente así que me voy a acabar tu cerveza.
-¿Lo suficiente para qué?
-Lo suficiente para… ¡pedirte un abrazo!
-Pero si nunca has necesitado ron para eso.
-Eso es lo que tú te piensas. Pero no necesito un ron cualquiera, necesito el ron que hay encima de ...
- …de la mesa que bla bla bla. Dime qué tiene ese ron para que lo necesites tanto.
-¡La solución! Aunque bien podría tenerla esa cerveza que me acabas de quitar.
-¿La solución a qué?
-A todo lo susceptible a ser solucionable. Iepa! És meva! Esther is happy!
-Yo que creía que todos los problemas podías solucionarse de una forma u otra.
-Mmm… no creo, pero ¿sabes qué creo, no, no ¿sabes qué afirmo? Que todas las soluciones generan problemas. Seguro, indiscutible, tengo razón, me merezco un trago.
-A ver, a ver… entonces el ron te va a solucionar unos problemas y a la vez te generará otros.
-Claro, de acuerdo, tiene razón, amigo, como siempre. Mas no te diste cuenta que tú mismo, amigo, te contestaste. ¿Quién ha dicho que yo quiera solucionar los problemas que me va a generar el ron? Yo quiero solucionar los problemas de ahora. Bueno, al menos los que sean solucionables. Ya nos preocuparemos más adelante.
-¿Y esos solucionables son muchos o pocos?
-No sé, consígueme ron y te lo cuento que la cerveza de momento no sirve.
-No te entiendo.
-Ni falta que hace. ¿Nunca te hablé de ron?
-Ni falta que hace.
-Ñiñiñi. Sí hace falta, és molt molt necessari! “Necesito ron” me oirás decir muchas veces, amigo, cuando no sepa que hacer con mi vida, necesitar ron es necesitar… una especie de… Sí, ya lo tengo una especie de ¡catarsis! ¡Oh! Cuantísimo me gusta esta palabra ¡Brindemos! Catarsis… ¡Volvamos a brindar! En fi… Romper con todo, poner en orden las ideas, decir “hasta aquí llegó el caos”. Eso en necesitar ron de la… No… Ron que… bueno de ese que sabes. Aunque íbamos por el caos, ¿verdad? Caos, que harmonía más irregular, que orden más desordenado, que dulce más amargo, que trago más corto.
-Qué incongruencias más grandes…
-¡Bah! No tengo ganas de oírte, tengo ganas de que me escuches decir…
-¿Decir más tonterías?
-¡No! Eh, ¿por qué te la has acabado? ¿También te apetece cambiar de problemas? Es igual, no me contestes, estaba hablando yo. Sí, sí vuelvo al tema “Quiero que me escuches decir” que no bebo ron, que si me pongo a pensar creo que quizá ni me guste, que nunca he bebido ron por mucho que lo vaya proclamando en mis vidas virtuales, que mi ron no es alcohol. Que no quiero ser un pirata, que no quiero que me dejes serlo, que quiero que me des un abrazo. Y tú, ¿qué quieres?
-¿Yo? Quiero ron.

jueves, 16 de abril de 2009

en65palabras



-Miénteme. Dime que tu vida no cambiaria si un día desaparezco. Dime que no me vas a echar de menos. Dime que no he significado nada, que ni siquiera guardarías un lejano recuerdo de nuestras conversaciones.
-No puedo decirte eso. No me lo puedes pedir. No me hagas esto.
-¿No? ¿Por qué?
-Porque te estaría diciendo la verdad. Lo siento.
-No tanto como yo, créeme